jueves, 30 de abril de 2015

Miradas

Caen las luces. Son las nueve de la noche. El calor es algo inusual para una noche de abril. Los turistas visten sandalias y pantalones cortos, los locales guardan sus chaquetas o cargan con ellas al hombro. Los bares, a reventar. Decenas de personas alzan sus vasos de cerveza para celebrar un ascenso, un aprobado en esa asignatura encabronada o, simplemente, celebran seguir vivos un día más.

Los que lloran siempre han sido cobardes, los valientes sacan sus mejores galas y la más eencantadora de las sonrisas. Actores de una obra de cartón. Intérpretes del escenario urbano. En ese forillo tan rocambolesco de unas tablas llenas de papeles, de tacones, de caídas y de pisadas, dos miradas se cruzaron. Un intercambio como cualquier otro en el metro, en el tren o en el autobús. Esa caza furtiva de una correspondencia que te sonríasonría, que te diga "Hey, estoy aquí!". Solo eso.

Quizás, algún día uno de esos cruces sea más que eso, sea un camino. "Hola, ¿qué tal todo?". Unas breves palabras dichas por un ángel desconocido pero sí, un ángel. Algunos esfuerzos son enormes y otros son mínimos. ¿El resultado? Felicidad, una sonrisa cómplice y una respuesta ruborizada. No es una historia de amor, tampoco es una película. Es una realidad superada por la ficción y que siempre irá más allá que el fundido a negro de dos pupilas en los créditos finales.

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