martes, 24 de febrero de 2015

La vida es sueño

Doce de la noche. Ella se levanta sobresaltada de la cama, no sabe qué hacer. Mira el teléfono, espera una llamada, un mensaje, algo que le haga tomar aire y descansar. Bendito descanso, Cuántas noches de insomnio llevará por eso. Sueños entrecortados, pesadillas que se confunden con la realidad, quizás eso es lo que espera: que la fantasía se convierta en realidad. Las ensoñaciones en la fase REM no son más que eso: fantasía.

Cuando se levanta, día tras día durante sus dos décadas de vida, le han repetido: persigue tu sueño, se hacen realidad. Sin embargo, cuando deja las frías sábanas, todo es igual. Ella, lucha por estudiar, salir adelante, acabar su carrera, encontrar empleo y vivir con un príncipe (comer perdices o hamburguesas del McDonald's va a gusto del consumidor). Ese noble acompañante. Eso, también es un sueño. Buscando esa realidad topa con miles de sapos, bueno, más que sapos, aves carroñeras que son capaces de aprovecharse de su inocencia, hasta de su corazón. La tasa de empleo entre los jóvenes crece cada día más y ni hablar de las posibilidades de emancipación.

Ni una Cenicienta moderna que a las doce de la noche tenga que volver de la discoteca de moda para que su madrastra no la castigue sin móvil. Ni una Blancanieves a la que emborrachan y asaltan unos cuantos enanitos bastante pasados. Nada de eso. Ella, a las doce de la noche, espera día a día que todo cambie. Ella, con alcohol pretende hacer sus sueños realidad sin dejar de tocar los pies con el suelo. Ella, solo mira atrás para coger equilibrio. Los cuentos no existen, los sueños tampoco, pero la esperanza es nuestra mejor compañera.


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